20 ene. 2014

¿Dosis de felicidad? ¡Intentémoslo!

El sol brilla en lo más alto del cielo, acompañado de sus no tan amigas las nubes. Veo como se mueven, el aire hace que viajen poco a poco, o eso me parece a mi. Una vez papá me dijo que no debía mirar fijamente al sol porque me haría daño, sin hacerle caso, lo probé. No pude ver durante un rato, solo había un punto enorme frente a mi, incluso llegué a marearme. Subo la cabeza y veo como los rayos atraviesan las gafas de sol y penetran en mis ojos.
Un escalofrío me recorre el cuerpo al notar como el aire mueve mi pelo, como lo acaricia levemente. El bello de todo mi cuerpo se eriza.
Hay dos niños pequeños jugando en el parque con , quien parece ser, su abuelo. Él los mece en los balancines, y ellos, divertidos, ríen llenos de alegría. Sonrío, no puedo evitar hacerlo, una escena tan tierna y que hace que recuerde tantas cosas es imposible que no lo consiga.

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