17 ene. 2014

Gota a gota....

<<La habitación esta a oscuras, no se escucha nada, solo el sonido de las gotas caer, sobre el charco que ya han creado previamente. Hay una gotera. El agua de la lluvia se cuela por ella, humedece el suelo.
Frente a la ventana pasa un coche, y eso hace que todo se ilumine. En el centro hay una silla, con alguien sentado en ella.
El suelo, cubierto de una tela rugosa hace que pueda deslizarme con mayor facilidad. Me acerco a él, o ella. Paro delante suyo, quiero ver quien es y qué es lo que hace que esté allí tan quieto sin decir nada.
Es una chica, el pelo le cae por encima de la cara, ya que tiene la cabeza hacia un lado. Esta despeinada y tiene la cara mojada. Está asustada, tiene miedo. ¿Seré yo quien la aterre tanto? No puedo evitarlo, alargo el brazo y le paso la mano por la mejilla. Ella, baja la mirada, sus ojos se clavan en el suelo. Me agacho, quiero que me vea, que sus ojos encuentren los míos.
Tiene las muñecas atadas a la silla por unas cintas de cuero, las piernas también. Sus brazos están manchados por algo oscuro. Le paso la mano por encima y luego la pongo a la atura de mis ojos para poder ver mejor que es lo que oculta la piel de la muchacha. Sangre.
Al verla, algo en mi interior se enciende. Junto a su pié derecho hay una cuchilla, alargada, brillante, y hermosa.
Empieza a sollozar, en voz baja, como un susurro.
La cojo, no es la primera vez que tengo una entre mis dedos. Miro mis brazos, están llenos de cicatrices, aquellas que no dejan de recordarme lo que un día me hicieron. Tengo ganas de volver, de hacer que toda aquella sangre vuelva a brotar, pero… ¿Por qué dejarme marca a mi misma y no a los demás?
Mis labios crean por su cuenta una bonita sonrisa aunque ‘’peligrosa’’. Pocas veces sonrío, y cuando lo hago no muchos me ven.
Le acerco la cuchilla al brazo.
- No… No lo hagas más…- me dice.
Me quedo helada, pensé que jamás hablaría. Los huesos me pesan y me cuesta seguir, pero lo voy a hacer.
Antes de nada, paso mi mano por encima de su brazo, ‘’limpiando’’ la sangre, aunque en realidad la extiendo.
Una lágrima recorre mi mejilla, y cae.
Paso la cuchilla por su piel y veo como se lamina, como se separan ambas partes y en medio queda un hilo de color escarlata de donde brotan pequeñas bolitas que caen y forman preciosos lazos rojos. Vuelvo a hacerlo, reincido en la herida, se hace más profunda. 
La chica vuelve a sollozar y sus lagrimas me caen sobre la cabeza. Alzo la vista, la observo bien, es ella. Ella me creó, hizo que mi dolor creciera y se apoderara de mi. 
- Vas a pagarme todo aquello ocurrió.- le digo >>

Esto es un pequeño fragmento que escribí el otro día para unos amigos, ya que me retaron diciendo que no podía escribir algo ''sádico''. Realmente no encuentro que sea así, así que haré otro y mañana os lo colgaré a ver que os parece.

¡Espero que os guste!
 

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