11 mar. 2014

Las tormentas no duran para siempre.

Por muchas heridas que lleves dentro, por muchas cicatrices que cubran tu cuerpo, piensa en todas aquellas veces en las que has caído, en las que has tenido las fuerzas suficientes y más que necesarias como para volver a levantarte, alzar la lanza que antes solo usabas para poder andar. Piensa en que no solo eres un simple humano, tienes la valentía y la fiereza de las panteras, la dureza de los tigres, la velocidad de los leopardos y al ahínco de los lobos. Así que sigue como hasta ahora. Sostén la espada y la lanza bien alto, lucha contra aquello que te plante frente y destrózalo. Porque las tormentas no duran para siempre.

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