4 abr. 2014

Lyss 19.

Las gotas de agua se deslizan por las puntas de mi pelo, me caen a la espalda y luego al suelo. Mojándome los pies y la madera.
Cojo unas mallas negras y una camiseta morada de tirantes, que probablemente se ajuste a todas las partes de mi cuerpo. Me lo pongo, y me enfundo unas preciosas Martens negras y brillantes. Lista.

Se abren las puertas del ascensor y veo como la gente va amontonándose en el hall.
- ¡Eh! No os quedéis ahí, entrad al salón. ¡Vamos!- dice uno de los vanirios a viva voz.
Observo como van pasando uno a uno, algunos en pareja, niños, jóvenes...
Entonces, una mano toca la mía, miro hacia los lados y no hay nadie, bajo la vista y está la pequeña Ángel, sonriente y preciosa.
- ¿Venes conmigo adentrro? Toros tus amigos tenen mesa.- dice aún trabándose con algunas palabras.
Sonrío a la muñeca y asiento, esperando a que me guie. A su lado hay un niño, algo mayor, pero no tanto como para tener más de diez años. También tiene el pelo negro, corto, semi-rapado. Es tan blanco como Ángel, e igual de bonito.
- Hola, ¿cómo te llamas tú?- le digo.
Me mira, con esos oscuros y grandes ojos marrones que tiene, pero me ignora, desplaza la mirada y empieza a andar hacia la entrada.
Parece tímido, o simplemente sea un maleducado... Tal vez sea familia del estúpido y cargante vanirio de ojos claros. Quien sabe…
Pasa la pequeña delante de mi, apartando a la gente que espera entrar. Voy disculpándome, por empujar, sin querer, a parte de esta.
Al entrar me quedo pasmada, no pensaba que esto fuera así…
Décimo novena entrada de mi amada Lyss, no es muy largo, pero es lo que sigue. Prontito habrán más cosas.

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