7 ene. 2013

El frío nos adormece, nos hiela, nos cohíbe  intimida, nos recuerda la soledad, el miedo al abandono, al rechazo, al dolor... En cambio el calor nos abrasa, nos llama, controla nuestro cuerpo, simplemente manda en él... Hay gente la cual tiende a amar lo primero , incondicionalmente, la seguridad de lo oscuro, la tranquilidad del silencio, la sencillez de la noche... Otros son opuestos, cambiantes, inciertos... Y existe una tercera clase, la que adora lo incitante, lo imposible pero ¡Suele abrigarse!

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