26 nov. 2013

8

Por cual vamos ya, ¿por la séptima? ¡No! ¡Vamos a por una octava!

<< -Entonces hablaré cuanto me venga en gana, no deseo parecerle bella.
- Perfecto, aunque debo aclarar que jamás me parecisteis bella, ni hermosa.
El alado moriría antes de reconocer su admiración y devoción por ella,
- Supongo que eso es bueno... ¡Perfecto!
- ¡Claro que lo es!- dijo irritado.
Cada vez que daban un paso era como si retrocedieran dos, caminar sobre aquella tierra se hacia monótono, inacabable.
De repente, como de la nada, en la lejanía apareció un ser oscuro, más aun que el amo, pero parecía carecer de poder suficiente como para cavar con él y con su ejercito.
- ¿Quién sois?- dijo desafiante.
- Oh, sois vos, el galante caído, el maldito.
- Sí, soy yo. Ahora, decidme quien sois.
- Soy lo oscuro, lo tenebroso, muerto y debilitador. Soy parte del final, del miedo, de todos y del principio de la nada. Él me manda, me ha traído hasta aquí.
- Pero...- dijo, pero calló al ver como se había esfumado.
- Escuchadme bien, estas tierras no son suyas. Vaya con cuidado o su ejercito se desvanecerá como un suspiro en el aire.
La voz resonó en la cabeza del amo y este no reaccionó más que con ira.
Aun con la muchacha cogida, hizo que el caballo galopara, corriera e incluso volara.
- ¿Que estáis haciendo? ¡No paguéis conmigo vuestro enfado! ¡Dejadme!
Freno, se bajó del caballo y la cogió por los hombros.
- Le teméis, ¿verdad? ¿Teméis por la vida de vuestro ejercito?
- No tengo que hablar de esto con alguien como tu.
- No lo hagáis, dejadlo. No hace falta que me digáis nada, no necesito que me lo hagáis saber.

¡CONTINUARÁ!>>


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