26 feb. 2014

Séptima entrada de Lyss y su historia.

Observo a la mujer del espejo, no parece tener más de veintidós años, aunque realmente es más longeva que la Tierra.  El pelo le cae como si fuera una cascada, sobre los hombros y las ropas, es de color borgoña, oscuro y brillante como las oscuras noches que abarcan el Midgard desde el inicio de la rebelión de los elfos. Tiene los ojos plateados, grandes, redondos como nueces. No deja de pestañear, lo hace muy rápido, pero no tanto como cuando ya apenas puede contener las lágrimas, que a veces asolan su radiante rostro y su dulce mirada. Ahora sonríe, levanta la mano y se toca los labios. Mis labios. Son rojizos, lo que hace que apenas tenga que ponerme nada para destacarlos. El brazo cambia de sentido, se va hacia su compañero, unos centímetros más abajo de la bue, el brazalete, pasado el codo, hay una delgada y rosada linea. Una cicatriz, no se ha ido, se supone que las valkyrias debemos ser perfectas, y yo no lo soy, tengo una tara. Tal vez sea la razón por la cual aún no ha llegado la mitad que me corresponde. Una mueca de tristeza se dibuja en mi boca justo antes de que cierre los ojos. Varios y agresivos golpes  hacen que los abra, me sobresalto. Alguien esta aporreando mi puerta, así que la abro.
- ¡Nos vamos, princesa! Ha llegado la hora de volar.- dice mientras da saltos por el pasillo- ¡Venga! El Alfather nos ha convocado. Hay que abandonar el Víngolf en menos de diez minutos.
¿Odín quiere vernos antes de marchar? Es extraño, aunque tampoco tanto. Dejo que la entrada de mi cuarto se cierre, y persigo a Clare.
Entramos al gran salón, un grupo de siete einherjars y valkyrias están frente a Odín  y la diosa pantera. Al lado de estos esta Cohl, esperando a mi nonne, con los brazos cruzados y con cara de enfado. Es demasiado fácil saber cuando esta de morros, y cuando se le puede pedir un favor. Tiene la piel oscura, no mucho, pero si tostada, unas manos grandes y el pelo corto, sus ojos son muy oscuros, tanto como el carbón pero a la vez destelleantes como cuando el cielo se plaga de estrellas, observa a su mujer y es cuando estos se ponen así. Ambos veneran el suelo que pisa el otro.
- Tortugas...- susurra Freyja, para que podamos escucharla todos.
Le lanzo una mirada, de aquellas que prenden fuego al hielo y congelan el mismísimo infierno. Cada día que pasa, la soporto menos, es bien cierto que la adoro, pero no es más que una mete-mierda.
- Ahora que, por fin, estamos todos aquí- dijo el dios, haciendo referencia a nuestra falta de puntualidad.- Me desearos buen viaje a todos. Sed fuertes, mis guerreros, cuidad de ellas, aunque se que a ninguna le faltan ganas para descuartizar y acabar con todo lo que se os ponga por delante. Volved con vida.

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