27 mar. 2014

¿16 páginas en una sola entrada? ¡Con Lyss sí!

Parece que todo va a explotar, a volverse cenizas.
Valkyrias y einherjars, enviados por el mismísimo Odín libran una gran batalla contra los elfos oscuros, y es aquí donde me encuentro, junto a ellos.
El cansancio hace meya en mi. Me muevo con agilidad, pero no tanta como al principio, hay algo que me falta.
Los enanos intentan atraparme, pero, como si bailáramos, los esquivo. A mi alrededor puedo ver árboles destrozados, agujeros en el suelo hechos por los impactos del resto. Huele a humo, a fuego, a sangre y a miedo. Yo no lo tengo. Ahora uno salta sobre mi, se agarra a mi arco y me pasa el brazo por delante de la garganta, apenas puedo respirar.
En menos de un minuto deja de hacer fuerza, algo ha impactado en él, aun sobrepasa su pecho y araña mi espada. Puedo notar su fría sangre empapando mi ropa, tiñéndola de escarlata, también siento el escozor que producen las heridas que me acaba de hacer.
- ¡Joder!- escupo.
Detrás de mí se encuentra mi nonne, entre sus manos tiene bien agarrado su arco, y con una gran sonrisa me mira. Se divierte, le encantan estos momentos. Tiene la cara manchada de algo que parece ser sangre, pero aun así, ella, ni se inmuta. Como buena valkyria, e hija de Freyja, es hermosa. Su pelo, castaño rojizo, se recoge en una alta cola de caballo que le llega a los hombros, en el cuello lleva un pequeño collar en forma de luna.
- Gracias, ¿no?- me dice interrumpiendo el ''estudio'' visual que hago de ella.
- Gracias, mo nonne.- le digo en noruego, mi hermana, mientras le guiño un ojo.

No se como he acabado aquí, pero... ¿Es posible tener a tu enemigo frente a ti, amenazado por tu espada y no lograr matarlo?
El filo de esta está rozando su cuello. Estoy sentada sobre él, con mis piernas a cada lado de su cintura, inmovilizándolo.
Noto como respira, agotado, pero aún con ganas de más. Su pecho sube y baja rápidamente igual que lo hace el mío. Estamos ambos en una situación parecida, solo que uno de nosotros mantiene el control de esta.
- ¡Vamos, valkyria! ¡Hazlo!
Le paso la cuchilla por la garganta, acariciando la zona. Quiero degollarlo, ver como su propia sangre le impide respirar, encharcándole los pulmones.
Observo la rabia que emana de sus ojos, la ira que desprende su cuerpo. Tiene la cara manchada de negro, carbón. No es muy corpulento y voluptuoso, pero tiene fuerza. Ahora apenas se mueve, ha dejado de forcejear, como hacia al principio.
- ¿Por qué no lo haces ya?- me grita en un tono burlón.- ¿Tienes miedo, guapa?
Me paso la espada a la mano izquierda, y con la derecha le propino un buen golpe en la mandíbula que lo deja en blanco, haciendo que la herida que tiene en el labio vuelva a sangrar.
- ¡Cállate, elfo estúpido!


El mármol blanco reluce bajo mis pies, brilla por la luz que ilumina el Valhalla. Cientos de guerreros se congregan frente a sus dioses. Ante nosotros esta Thor sentado en su trono, con el gran Mjölnir. Junto a él se encuentran Odín y Freyja. El dios de los dioses, de pelo blanco y de un solo ojo, imponente, raudo y duro. Ella, sin embargo, parece delicada, suave y dulce, pero al mismo tiempo tiene el semblante de una pantera, traicionera, dura y vengativa. Es preciosa.
- Es vuestra hora, alguno de vosotros deberéis bajar. Una gran batalla se librará en el campo donde la luna dibuje su rostro. Allí os encontraréis dificultades, entre ellas los elfos oscuros. Será a ellos a quien deberéis exterminar.- Odín, con su poderosa voz hace una pausa, dejando que el aire entre en sus pulmones. Aún siendo un dios, necesita hacerlo.- No solo descenderán einherjars, sino que sus respectivas parejas lo harán con ellos. Allí abajo os podéis encontrar con muchas cosas, peligros que cuestionaran lo que hagáis y en la forma en la que actuaréis, pero, aun así, no os separéis. La unidad y la confianza en vosotros mismos hará que lo consigáis todo.


Nadie dice nada, todos estamos atentos a lo que explica y a los consejos que nos da.
De repente, el silencio sepulcral desaparece a manos de Freyja.
- Oh, ¡qué bonito! A sido tan esperanzador y tierno…- dice en un tono sarcástico, mientras aplaude. Sonríe y prosigue:- Hacedle caso al tuerto. Acabad con todos aquellos que son capaces de crear el mal. Arrolladlos, descuartizadlos y cuando acabéis, sentíos orgullosos, reíros frente a ellos, porque aún sin ganar, saldréis victoriosos por el mero hecho de haber tenido las suficientes agallas como para enfrentaros a toda esa escoria.
Sus hijas, las valkyrias, lanzamos pequeños gritos y ronroneos, aprobando lo que dice. Ellos, al percibir nuestra alegría y orgullo, gritan:
- ¡Gunnr!
-Descenderán la gran mayoría de los que tengan pareja, no podemos arriesgarnos a quedarnos sin refuerzos.- Thor por fin habló.- Como bien han explicado, vuestro deber es ese. No hay más. Luchad, y salid con vida de allí. Podría decir que el destino os traerá hasta aquí, pero eso solo las nornas podrán dictarlo.
Hizo una pausa, dejando que el resto pensáramos en ello, y siguió con su discurso:
- Preparaos, vuestra llegada al Midgard será junto a la próxima tormenta.
Tormentas, perfectas en todas sus formas, sobre todo para nosotras, ''hijas'' de Thor.
- Ahora, que cada uno se marche a sus aposentos. Allí, los que debáis bajar, encontraréis algo que lo diga.
El Valhalla, es un lugar lleno de salas y cambras, cada guerrero tiene la suya, igual que valkyrias.
- Eh, preciosa, ¿ya te ibas a ir sin despedirte?
Justo antes de salir por aquellas enormes y majestuosas puertas, la cantarina voz de mi nonne me atrapa. Doy la vuelta, girando sobre mis pies y sonrío, o eso intento.
- No, pero... Quería ir a dar una vuelta... No se que haré, aquí sola mientras tu estés en el Midgard con Cohl. Yo... Prométeme que irás con cuidado, mi pequeña felina.
- Tranquila, nonne. Todo irá bien.
Ella, con los sentimientos a flor de piel y con los ojos vidriosos, se acerca a mi y me abraza.
- Shh... Sí, todo irá bien. Más te vale acabar con todos ellos o seré yo quien baje, para darte una buena tunda y espabilarte.
Una lágrima resbala por su mejilla y se estampa contra el suelo. La miro y empieza a reír.
- Te voy a echar de menos.
- Y yo a ti, tonta.
- Clare, ¿vienes?- le dice su einherjar, Cohl.
- ¿Ya quieres acapararla?
Ríe, me mira, y rápidamente contesta:
- Eso solo lo haces tú.
Frunzo el ceño y clavo mis ojos en los suyos.
- Cuida de mi pequeña, o te arrancaré los brazos y te azotaré con ellos, que se que te gusta.
Le sonrío y le guiño el ojo derecho.
- Ves con cuidadito, guerrero.
Después de amenazarlo, beso a mi hermana en la mejilla y me voy a mi habitación dando saltitos, como una niña pequeña.
Recorro el pasillo como tal, hasta que llego a la esquina que lleva a los dormitorios. Todo irá bien, tranquila.- me repito. Paso los brazos por debajo de mis pechos y me abrazo. Daria lo que fuera por poder luchar junto a ellos.
Paro frente a la puerta de lo que se podría llamar mi hogar, la abro y entro. Hay un pequeño pasillo, el suelo es de moqueta granate, las paredes son lisas y blancas, a mano izquierda hay un baño precioso, aunque demasiado grande para mi sola, con las paredes de piedra negra y rugosa. Frente a él hay un gran vestidor, lleno de ropa y zapatos, es completamente perfecto, cualquiera desearía poder tenerlo. Sigo andando y llego frente a la cama, un sobre negro destaca sobre las sabanas.
¿Un sobre?
Me acerco poco a poco a él. No puede ser, no puede ser, yo no puedo...- me digo, intentando controlar mi desbocado corazón, que solo hace que luchar por escaparse de  mi pecho. Lo cojo, noto su tacto, es suave como el algodón, como la piel de un recién nacido. En su interior hay una tarjeta del color de la plata con un texto negro, brillante y perfecto, en cursiva.
           << Lyss, valkyria del rayo, hija de Thor y acogida en el seno de
        Freyja,  descenderá junto al resto de sus compañeros y su pareja,
                durante la próxima tormenta en el Midgard.>>

No hay más, solo eso. Mis ojos se humedecen al instante, tanto que ya apenas puedo distinguir las letras que tengo frente a mí. ¿Bajar? Sí, junto a mi pequeña, no iba a estar sola. Cierro los ojos y aprieto el sobre contra mi pecho, por fin ha llegado la hora... Es mi momento. La felicidad  me ha invadido, y las lágrimas no dejan de caer, alegres, contentas, pero a la vez asustadas, tienen miedo a lo que pueda haber ahí abajo. ¿Y si al caer desaparecen? No, eso no puede ser, juntas son fuertes, y si se unen, la gota será aún mayor.
Salto, corro, e incluso vuelo. Pequeñas descargas salen de mis manos, hilos de luz que despegan y caen contra todo, dibujando formas en el aire, viajando por él.
Salgo de la habitación y vuelvo a pasar por aquel pasillo que hace apenas cinco minutos  antes me había desquiciado, voy rápido, mucho, tanto que para un humano sería prácticamente imposible saber  realmente donde estoy. Lanzo gritos de alegría, no me lo puedo creer. Al final de este veo a Clare junto a Cohl. Que raro, pienso sarcásticamente.
Nada más llegar a donde está, salto encima de ella, para que me agarre. Se asusta al notar mi cara y mi cuello mojado por las lágrimas que hacia nada se me habían escapado.
- ¿Qué ocurre, pequeña?- me dice preocupada.
Niego con la cabeza, pero no le contesto. Me abraza más fuerte, y eso hace que mi corazón sonría, tanto o más de lo que ya lo hago yo.
Entonces, me aparta de ella, se pone en frente y me observa entera. En las manos llevo el sobre, igual que el que sujeta Cohl éntrelas suyas.
- ¿Bajas?
- No me lo puedo creer... Claro, o eso es lo que pone aquí dentro.- digo alzando la tarjeta.
- Pero, cielo... Tu no tienes pareja...
No había pensado en aquello, ¿cómo podría ir sin mi einherjar? La ira me nubla la razón, los dioses me la han jugado, alimañas despiadadas...
- Tengo que bajar, tengo que bajar...- susurro.
Me aparto se ella y voy al salón principal del Valhalla donde, probablemente, se encuentre Freyja. Abro de un plumazo las grandes y pesadas puertas, provocando un gran estruendo.
Empujo, y dejo a un lado, a todos aquellos que aquí se encuentran, hasta que llego frente a ella.
- Lyss, ¿qué ocurre?- dice secamente
- ¿Qué que ocurre, dices? ¿De verdad me estas preguntando qué  que  ocurre? ¡Me habéis engañado! ¡Sois unos hijos de...!
- Calla, pequeña loca.
- No voy a callarme, no podéis jugar conmigo así, ya no.
Me observa, y ríe descontroladamente. Todo el mundo nos mira, desde el primer grito hasta ahora. Ella sigue y apenas puede hablar. Ahí se muera de la risa, la mala pécora..-pienso.
Las manos me arden, a causa del enfado, tanto que es imposible soportarlo y no dejar que nada de lo que aquí abajo se cuece, salga. Pequeñas descargas luchan por escaparse de mis manos, algunas salen y es una de estas la que llega a la diosa pantera.
- ¡Qué te crees que haces!- chilla mostrando su rabia.
- Yo...- había sido sin querer, pero se lo tiene bien merecido.
- ¡Tu nada!- me dice mientras me da un bofetón.
- Zorra...- digo con un hilo de voz que se escapa de mi boca.
Todo el mundo esta callado, nadie osa decir nada, no ante ella, y menos estando enfadada.
-Ahora...Si quieres sabe porque has sido elegida, deberás darme algo a cambio.
Una diminuta Lyss, en mi cabeza, me dice que no, que me vaya y no le haga caso a nada. Pero hay algo en mi que me empuja a acceder a lo que Freyja me pide.
- ¿Qué quieres?
- Tu palabra, dámela. Deberás aceptar aquello que sea tuyo, te guste o no.
- Vale...
-¿Sí?
Asiento con la cabeza.
- Dilo.- me ordena.
-Te doy mi palabra.
- Ahora, di que me adoras, y que sabes que soy la más deseada.
- ¡Y una mierda!
-Bueno, va, ya me sirve.-dice subiendo los hombros un poco.- Las nornas nos aconsejaron que fueras con los guerreros aún estando más sola que la una.
Me rio y la miro con incredulidad.
- ¿Eso es todo?
- No te dije que fuera a ser largo...-dice haciendo una breve pausa-  Ahora, ve a preparar las cosas para ayudar a tus hermanas y sus einherjars. No te escaquees con la excusa de que irás con el resto.
Asiento y vuelvo a recorrer el camino que antes ya había formado para llegar a donde está. Todas ellas me miran, más bien, analizan lo que hago, cada movimiento que se produce en mi cuerpo.
- ¿Qué pasa, tengo algo?- les digo.
Ninguna dice nada, solo me miran anonadadas, hasta que me encuentro con Amish, la valkyria más arrogante, y arpía que haya podido existir. Es preciosa, como todas, pero igual que Freyja recuerda a una pantera, ella lo hace con cuervos y buitres. Un largo cabello negro se recoge en una fina trenza que le llega hasta la cintura, debe ser incómodo luchar con ella por ahí danzando, pienso.
En varias ocasiones he estado bajo su mando, ya que es una de las pocas valkyrias que han regresado del Midgard después de una dura batalla, junto a su einherjar, por supuesto. Es rauda y dura, pero quisquillosa y maniática, y a mi me la tiene, mucha
- Sí, tienes algo, pero siempre lo mismo, tu cara.
No podía faltar el comentario de la reina de las urracas.
- Por lo menos yo no voy manchada de mierda siempre. Al ir al baño te limpias con la trenza, ¿no? Así, ahorras papel.
La aparto con la mano y paso junto a ella, dedicándole una sonrisa falsa.
Mis pasos son firmes, decididos, estoy contenta de que al final no haya ningún error, me moriría si fuera así. Tengo ganas de oír como esa basura me ruega que no la mate, notar como su vida, si es que se le puede llamar asi, se escapa entre sus dedos.
De alguna manera, es como limpiar el mundo, hacemos que esas almas corrompidas por la sed de sangre desaparezcan y no contaminen un terreno que no es el suyo.
Dos días después, aún seguimos a la espera de que Thor nos avise de la gran tormenta. Lo más sencillo sería que él mismo la convocara.
Me visto con las ropas de lucha, aquel creada por los dioses, hecho para regenerarse y ser casi indestructibles. Este está compuesto por unas mallas y una camiseta de manga intermedia, hechas con partículas de titanio y esencia de rayo. En la camiseta hay partes de un metal especial forjado por los mismos enanos que un día hicieron la lanza de Odín, Gungnir. Los hombros, parte del pecho y de la espalda está recubierto por este. A medio brazo, de ambos, todas las valkyrias llevamos un bracalete.
Observo a la mujer del espejo, no parece tener más de veintidós años, aunque realmente es más longeva que la Tierra.  El pelo le cae como si fuera una cascada, sobre los hombros y las ropas, es de color borgoña, opaco y brillante como las oscuras noches que abarcan el Midgard desde el inicio de la rebelión de los elfos. Tiene los ojos plateados, grandes, redondos como nueces. No deja de pestañear, lo hace muy rápido, pero no tanto como cuando ya apenas puede contener las lágrimas, que a veces asolan su radiante rostro y su dulce mirada. Ahora sonríe, levanta la mano y se toca los labios. Mis labios. Son rojizos, lo que hace que apenas tenga que ponerme nada para destacarlos. El brazo cambia de sentido, se va hacia su compañero, unos centímetros más abajo de la bue, el brazalete, pasado el codo, hay una delgada y rosada linea. Una cicatriz, no se ha ido, se supone que las valkyrias debemos ser perfectas, y yo no lo soy, tengo una tara. Tal vez sea la razón por la cual aún no ha llegado la mitad que me corresponde. Una mueca de tristeza se dibuja en mi boca justo antes de que cierre los ojos. Varios y agresivos golpes  hacen que los abra, me sobresalto. Alguien está aporreando mi puerta, así que la abro.
- ¡Nos vamos, princesa! Ha llegado la hora de volar.- dice mientras da saltos por el pasillo- ¡Venga! El Alfather nos ha convocado. Hay que abandonar el Víngolf en menos de diez minutos.
¿Odín quiere vernos antes de marchar? Es extraño, aunque tampoco tanto. Dejo que la entrada de mi cuarto se cierre, y persigo a Clare.
Entramos al gran salón, un grupo de siete einherjars y valkyrias están frente a Odín  y la diosa pantera. Al lado de estos esta Cohl, esperando a mi nonne, con los brazos cruzados y con cara de enfado. Es demasiado fácil saber cuándo esta de morros, y cuando se le puede pedir un favor. Tiene la piel oscura, no mucho, pero si tostada, unas manos grandes y el pelo corto, sus ojos son muy oscuros, tanto como el carbón pero a la vez destelleantes como cuando el cielo se plaga de estrellas, observa a su mujer y es cuando estos se ponen así. Ambos veneran el suelo que pisa el otro.
- Tortugas...- susurra Freyja, para que podamos escucharla todos.
Le lanzo una mirada, de aquellas que prenden fuego al hielo y congelan el mismísimo infierno. Cada día que pasa, la soporto menos, es bien cierto que la adoro, pero no es más que una mete-mierda.
- Ahora que, por fin, estamos todos aquí- dijo el dios, haciendo referencia a nuestra falta de puntualidad.- Me gustaría desearos buen viaje a todos. Sed fuertes, mis guerreros, cuidad de ellas, aunque se que a ninguna le faltan ganas para descuartizar y acabar con todo lo que se os ponga por delante. Volved con vida.

Las cientos de estrellas que antes adornaban el cielo ya no están, han desaparecido sin dejar rastro, la Luna tampoco esta presente ante nuestra inminente llegada. Los rayos chocan contra el suelo, levantando parte de la arena y de la hierba que hay. Una inmensa llanura, verde, iluminada por los flashes de luz, se extiende bajo nosotros  aunque no es lo único, también se puede divisar una espesa neblina que se come el terreno y no deja ver más de dos metros más allá de donde estamos.
Ahora, los enviados de Thor cambian de color, pasan de blanco a azul celeste, centelleantes y llenos de fuerza. Apenas nos queda tiempo para llegar así que cojo la mano de Clare y la apreto fuerte.
Esta vez le ha vuelto a tocar bajar a Amish, a ella se le da mejor volar, con esas alas de murciélago que tiene, solo le falta beber sangre para convertirse en uno de ellos. Mandona como siempre, dice:
- En menos de cinco minutos, llegaremos a tierra firme. Así que estad atentos a todo aquello que nos rodee.- hace una breve pausa y continua- Lyss, como a ti te cuesta un poco aterrizar, a causa de tu... mmm... Soledad, ves con cuidado, no podemos retrasarnos.
- Tu si que eres una retrasada, chupa sangres. Sigue así y serás la nueva manca del Valhalla, podrás ir a conjunto con Odín, el tuerto y la manca.- digo con mala leche, aunque al pronunciar el nombre del Alfather le pongo un cariño especial, para que no tenga muy en cuenta el grosero comentario que acabo de hacer.
Echa un soplido al aire, dando a entender que no responderá a mi ataque. Se pone al frente de todos y empieza a descender, poco a poco, como si fuera una suave pluma.
Miro hacia atrás, y veo a mis hermanas, todas ellas baten sus alas, desplegadas, hermosas como las de un colibrí. No hay nada más elegante que ellas. Algo punza mi corazón y atraviesa mi alma, después de tanto tiempo esperando en el reino, esperando a que algún guerrero se me encomendara y aún sigo sin. La urraca tiene razón, estoy más sola que la una. Una pequeña lágrima se me escapa. Es el destino, las nornas lo han querido así, y si estoy aquí también es porque ellas lo han mandado. Debo agradecérselo.

Mis pies por fin tocan el suelo, algo que no es ni moqueta ni mármol, y la verdad es que se agradece. Poder notar como la tierra cruje bajo mis pies, como se esconden entre los brotes verdes, es algo fantástico. Pero no había pensado en que los zapatos se me ensuciarán. Da igual. Salgo corriendo, mientras agito los brazos y suelto pequeños gritos al aire,el mismo que me acaricia y se lleva mi pelo.
Me siento totalmente libre, no necesito nada. Estoy sola. Sí, pero soy yo, algún día en estas tierras u otras encontrare a mi príncipe, o lo que sea que vaya a plantarse frente a mí. En mi interior no hay nada más que paz y fuerza para continuar con lo que se me ponga por delante. Estoy eufórica.
- Eh, ¡tú! Estate quieta.- dice uno de los einherjars.
-Me da igual lo que me digas, seguiré haciendo lo que me venga en gana.- canturreo mientras empiezo a dar saltitos.
- Lyss, ven aquí, anda.- me dice Cohl.
- Prrrrr...- estoy cansada de no poder sentirme yo misma, y aquí lo hago al completo.
Voy hacia donde se encuentran y veo como una pequeña luz se acerca.
- Mirad.
Los guerreros cogen sus armas y las desenvainan. Las valkyrias, al igual que ellos, hacen que de sus bue aparezcan sus flechas y el arco. Están todos a la defensiva menos yo, sé que no ocurrirá nada, no sé cómo... Simplemente lo sé. Aparto a todos, y paso frente a ellos. Ante nosotros aparece un chico, joven, de no más de dieciocho años. Lleva una larga, rizada  y rubia melena hasta los hombros, parece un ángel, delicado. Va vestido con unos tejanos oscuros, estrechos, que le atrapan las largas piernas, con una camiseta de manga corta y una camisa a cuadros, conjuntada perfectamente con los colores de la otra ropa. Vaya... Suerte que ya nos habían advertido sobre ellas.
- No haré nada, estad tranquilos.- dice el muchacho en un tono neutro.- Vengo a daros la bienvenida, sois los elegidos de los dioses para ayudarnos en nuestra lucha aquí, ¿no?
Amish se acerca a él aún con las flechas y el arco en las manos. Esta seria, como siempre, mantiene su postura desafiante, aquella que pone al intentar intimidar a alguien. Tiene la espalda completamente  recta y saca pecho, el poco que Freyja le ha dado.
- Sí, ¿Qué te crees que bajamos por gusto?
El nerviosismo es palpable en el ambiente. El joven vanirio respira rápidamente, no está asustado, solo es que no sabe cómo reaccionar a tal situación. Deja el farolillo en el suelo, se coge las manos, esconde una dentro de la otra y deja que sus dedos jueguen con los otros.
- Deja al crío tranquilo, que solo ha venido a buscarnos. Además, sí, yo lo hago por gusto.- le digo guiñándole el ojo al rubio.
Suelta un suspiro, baja la vista y al alzarla, su mirada y todo su cuerpo parecen más sosegados, tranquilos.
- Gracias, mi nombre es Stephen Holl.- dice, esta vez, dirigiéndose a mí con una amplia y blanca sonrisa.
El primer hijo de los Vanir, que conozco. Estoy eufórica, como un niño al abrir un regalo en navidad, aunque realmente soy igual que ellos al abrirlos. Suelto una débil risilla. Desde un buen principio, y después de haber estado tanto tiempo en el Valhalla, sin apenas entretenimiento, sabemos todo lo que ocurre en el Midgard y los seres que lo habitan.
Vanirios y berserkers pueblan estas tierras, protegiendo a los humanos de lobeznos y vampiros, hijos del dios de las trampas, Loki. Nada más crear a los humanos, como un proyecto de superación, Odín tuvo, también, que transformar a algunos de ellos en guerreros inmortales con rasgos lobunos, ya que el lobo era su animal predilecto. De esta mutación aparecieron los berserkers. Más tarde, Loki, quiso hacer sucumbir a los inmortales y, en algunas ocasiones, lo consiguió. Cayeron bajo el efecto de la sangre, que los controlaba y les impedía razonar. Al ver como algunos de los enviados del dios Aesir acababan a manos del joker, los Vanir, Frey, Njord y Freyja acudieron a su ayuda, otorgándoles la inmortalidad y diversos dones a algunos de los humanos más destacados de toda la historia. Celtas, samuráis y vikingos acabaron siendo cambiados por los dioses.
- Seguidme, por favor.
Voy hacia donde está el pequeño Adonis, me giro y veo como mis hermanas, junto a sus einherjars guardan las armas. No hay peligro, no aparentemente, aunque tampoco presiento que vaya a haber ninguno.
Se mueve con gran rapidez, haciendo que sus piernas brinquen sobre el suelo, aunque hay momentos en los que parece que hasta levite. Le seguimos, también somos rápidos, no tanto pero tampoco nos cuesta mucho esfuerzo hacerlo, por lo menos a mi.
El muchacho nos ha traído hasta un pequeño claro en medio del bosque. De repente para, se queda inmóvil, esperando algo. Yo, en cambio juego con la arena y la hierba sobre la que descanso. Lagunas de tierra se abren por el desgaste, las piedrecillas luchan por escapar a la presión que hacen mis pies sobre ellas.
Noto como respira, y logro escuchar como su corazón bombea la sangre por todo su cuerpo. BUM-BUM, BUM-BUM. Es hipnotizador. Veo como sus músculos se contraen y se relajan por el esfuerzo. No es esbelto, más bien es todo lo contrario, sus brazos y sus piernas son delgadas  y poco definidas.
- ¿Qué hacemos aquí?- dice Clare.
Él se gira, levantando el dedo índice y posándolo sobre sus labios pide silencio.
Frente a nosotros una multitud de los seres más hermosos que jamás nadie podría haber creado, aparecen.
Todos ellos van vestidos con ropa del Midgard, al contrario que nosotros, que vamos haciendo el ridículo con los atuendos que los dioses nos han dado.
- Vaya... Aquí somos nosotros los raros.- digo sin que me importe nada, mientras suelto una carcajada.
Todos parecen relativamente jóvenes, eso aparentan, algo que nosotras también hacemos. Al fin y al cabo todos somos inmortales.
- Sí, valkyria, sois... Especiales. Pero bueno.. Supongo que los vagos de arriba ya os habrán informado de todo lo que debéis saber, sobre la tierra, y nosotros.- La voz de una mujer me cautiva, atrapa toda mi atención.
Clavo la vista en ella, observo sus hermosos ojos bicolor, marrones y junto a la pupila una pequeña aureola del color de la miel que mancha el resto del iris, dejando motas brillantes.
Ahora la baja, e imito su gesto, tiene el brazo tenido, así que repito lo que hace, copiándolo todo. Pongo mi mano paralelamente a la de ella, y es entonces cuando me agarra del antebrazo.
- Jae, líder del clan vanirio de Alstom.
La cabecilla de todo ese ejército de inmortales es una mujer, me parece insólito, aunque realmente emocionante. Bella y blanca como la luna, con ojos de lince, con una mirada desafiante pero cautivadora, de apariencia dulce y de una fiereza inigualable..
- Lyss, valkyria chiflada y con las pilas bien puestas.
Hace una mueca, aun mirándome, algo parecido a una sonrísa, dejando a la vista unos perfilados dientes.
- Bienvenidos a mi territorio, mientras acatéis las normas todo irá como debe.- dice, camuflando la amenaza con un tono dulce.
- Gracias.
Jae gira la cabeza, un segundo, al escuchar como una rama se quiebra.
Me fijo en un pequeño grupo de gente que cuchichea, y de detrás de él sale una niña pequeña, delgada, con el pelo negro y muy pálida. Sus ojos verdes analizan a los extraños, a nosotros. Se esconde tras la mujer de los ojos ámbar. De repente, se clavan en mí. Una oleada de ternura se me estampa como una ráfaga de aire cálido. La inocencia de la niña me abruma y hace que mi boca tenga una peculiar curvatura.
- ¡Hola! ¿Cómo te llamas?- dice, con su fina y delicada voz.
Me acuclillo frente a ellas, y le tiendo la mano a la pequeña.
- Mi nombre es Lyss, ¿y el tuyo?
- Mi mamá me llama Ángel, pero yo no sepo...- dice a la vez que alza los hombros y los brazos- Tú también eres un ángel, ¿no? Has venido de allá.
<< Ángel>> señala el cielo, no sé bien que contestarle. Entonces es la líder vaniria quien me salva el culo.
- Sí, mi niña.
¿Su niña? ¿Es hija de Jae esa preciosidad? Pero...
- Hola, ángel.- saluda de nuevo la cría.- Mi mamá dise que sí.
- Pues si tu mamá dise eso, será que es verdad ¿no?
Aquella renacuaja que tiene mi corazón coge la mano de su madre y me sonríe.
- Sip.
Siento como me tocan la espalda, así que giro la cabeza para ver qué ocurre.Clare imita el gesto de la niña, está feliz.
Cohl me mira serio, a su lado están Amish y Erik, un vikingo rudo y fornido. El einherjar es uno de aquellos hombres, inmortales o no, que destacan por su... Estructura de cruasán, en definitiva, uno de sus brazos es como mis piernas juntas. Aún me cuestiono si realmente no es capaz de crear un huracán dando palmas.
Ese pensamiento y el hecho de imaginármelo, hace que no pueda evitar reírme.
Hay mucha gente junta, vanirios, einherjars y valkyrias, todos unidos.
Después de una reunión inicial entre las guías, y durante esta, nos mezclamos. Una característica que tenemos es que adoramos ser sociables y es algo que nos sale de forma natural, igual que la ira y la venganza.
Estoy sentada en un banco de madera, con pequeños detalles hechos a mano. Atenta a lo que pasa, estudio la situación. Aspiro el perfume que se ha generado, la tierra húmeda, la hierba pisada, y piel, algo sofisticado y elegante, es un hombre, un inmortal vanirio.
Escucho como se acerca, la distancia se hace menor a cada paso. Las piedras rechinan contra la suela de sus zapatos, algo que parecen unas botas. Miro al suelo, y con los pies muevo la arena, esparciéndola y creando pequeños montones.´
Sí, un par de botas se plantan a mi lado, bueno... Junto con su dueño dentro, quien se sienta en el banco.
- Eh, valkyria, ¿Qué haces tan sola?
- Tengo nombre, chupasangre.
- Bah, habiéndome llamado así ya no vale la pena.
- Oh... Qué lástima, el colmillos no quiere saber mi nombre...- digo sarcásticamente.
- Hagamos un trato, yo no soy el colmillos ni un chupasangres y me dices tu nombre.
El hombre, joven, sonríe de forma seductora y sexy, intentando cohibirme, en cierto modo lo logra, pero aun no es suficiente como para que le haga caso.
- ¿Qué gano yo a cambio?
Sigue con esa sonrisa, esperando a  que  me haga afecto.
- Dímelo, pequeña.- me dice poniendo una de sus manos sobre mi rodilla izquierda.- Vamos, dilo. Y luego nos vamos a dar un paseo.
¿Está intentando algo conmigo? ¿De verdad? Me rio, y lo miro con ironía.
- Responde a mi pregunta.
Me mira perplejo. Cuando los dioses volvieron inmortales a los guerreros les otorgaron grandes dones como la telequinesia, telepatía, el poder volar, comunicarse con la naturaleza, y entre ellos, también, el poder controlar la mente de según qué gente, como la de los humanos.
- Yo…- dice confuso.
- ¿Tú qué? ¿Respondes ya o te hago un croquis?
Es gracioso ver la cara de panoli que tiene en estos momentos. Sonrío, dejando que vea mis pequeños colmillos, aquellos que los Vanir nos impusieron para que fuéramos semejantes a ellos.
- Tú también eres una pequeña colmillos.
- Puedo serlo, pero no una chupasangres como tú. Así que aporta algo, o lárgate.  Aun siendo inmortal deberías saber que el tiempo es algo preciado.
El vanirio ya no sabe dónde meterse, si pudiera haría un hoyo y metería la cabeza, como si fuera un avestruz.
- Mmm… Así que la ‘’caída’’ no pierde el tiem...
- No, no lo pierdo, así que si me disculpas, o no, me largo.- digo interrumpiéndole.
Me levanto y dejo que su mano resbale por mi pierna hasta quedarse sobre la madera caliente, en la que hacía apenas unos segundos ocupaba yo. Mientras paso frente a él, y por la parte trasera del banco, muevo las caderas, de un lado a otro.
- ¡Dímelo!- me susurra al oído, pegándose a mi espalda.
Con un rápido movimiento de pies me deshago de él, me alejo. Observa como me muevo, como mi pelo se balancea de un lado a otro, igual que toda yo. Vuelve a mí, me agarra de la cintura y pega nuestros cuerpos, sin dejar que una brizna de aire pase entre nosotros.
- ¿Qué te crees que estás haciendo, translucido?- le grito al mismo tiempo que le pego un codazo en el estómago.
Suelta un gruñido, igual que el de un león herido. Me mira, sus ojos no parpadean, están completamente clavados en los míos. La furia interior de este hombre aparece,  se refleja en ellos, en como sus pupilas se han dilatado y ahora parece que son más blancos de lo que antes eran. Tienen un brillo especial, el mismo que tiene una fiera que quiere jugar con su presa. Pero esa no soy yo, porque lo mío es cazar.
De las bue hago que aparezcan mis flechas y el arco. Velocidad y precisión se unen haciendo que lo apunte. Me gusta, es excitante tener a quien disparar delante y notar como su  libido sube aún más por el simple hecho de querer controlarlo todo.
Me mira desafiante, con los ojos entrecerrados. El portal a su alma es más claro, le apetece jugar, pero lo que no sabe es que yo siempre gano.                                                                              
- Hazlo, colmillitos.
Sigo apuntando, las manos ya no me tiemblan. Cierro los ojos y me templo, hago que mi respiración sea regular, tranquila, mansa. Tenso bien la cuerda y sujeto con fuerza la flecha. No parpadeo, no me muevo, apenas dejo que el aire entre en mis pulmones. Me centro en él, en su cabeza.
Probablemente en estos momentos tenga cara de psicópata, pero es lo que hay, adoro matar. ¿Soy mala por ello? Creo que no, simplemente se me da mejor que al resto, y que quede claro que solo mato a aquellos que hacen mal.
-No te resistas más.
El viento se pega a mi piel como un perfecto nuevo traje, siento como seca mis ojos y agrieta mis labios.
Se va a mover, en el momento preciso suelto la flecha, que le roza el pómulo, le corta uno de sus mechones y se clava en la madera del árbol que tiene detrás. La sangre empieza a recorrerle la cara, es un pequeño hilo, pero visible.
Doy media vuelta, me cuelgo el arco y dejo que adorne mi espalda.
- No me tientes, vanirio, o acabaré contigo.

El cielo está cubierto de nubes, pero aun así puedo ver la luz azul que irradia.
La noche después de la llegada, fue larga, agotadora y estresante. Debíamos instalarnos, y aun siendo un lugar de paso, los vanirios se habían hecho con un edificio de dos plantas no muy lejos de donde ellos residen, todo para nosotros.
Abro la puerta del comedor que hay en la planta baja. Un olor dulce me embriaga.
Nada más entrar, hay una vitrina llena de ensaladas de toda clase, ingredientes separados, arroces, espaguetis, macarrones, carne, pescado… De todo. Se me hace la boca agua, pero aún más cuando me paro frente los postres. Flanes con nata, tartas de queso con base de galleta y mermelada, y la que más me llama la atención. Un brownie de chocolate y gelatina de cerezas. Me he enamorado, necesito probarla. Me relamo como si fuera una gata, alargo el brazo y cojo un plato, la gelatina que tiene por encima brilla, dulce.
-Mmmm…- ronroneo.
-Al parecer, a la colmillitos le gusta lo dulce.
Sobresaltada, doy un vote que me hace dar media vuelta. La voz… Otra vez el vanirio de la noche anterior.
-¿Qué?- digo seriamente.
-Nada, nada.- dice haciendo círculos a mi alrededor.- Yo también soy muy dulce, valkyria.
-Pues, si eres tan dulce, no te importará que te convierta en merengue, ¿no?
Mi tono ha dejado de ser ‘’arisco’’ para ser, esta vez, algo más sexy. Se acerca a mi, y le paso el dedo índice por los labios y luego por el cuello. Acariciándole. Nos junta más, y presiona su cintura contra la mía.

-Dicen por ahí, que las valkyrias sois vírgenes.- dice mediante un susurro.
-No somos precisamente una santas pero.. .Lo que han dicho es cierto.
La mini Lyss que hay en mí no puede dejar de reír, se ha vuelto loca al ver el panorama.
-Pero tranquilo, lo seguiré siendo.- le susurro al oído, mientras le doy un mordisquito al lóbulo de su oreja.
Me aparto de él, cojo mi tarta y me siento en una de las mesas junto a las ventanas, dejando que los pocos rayos del sol me acaricien.
El edificio tiene dos plantas. En la primera se puede encontrar un magnífico recibidor, con las paredes lisas y blancas. Hay un par de sofás y butacas, en el centro una mesa. En esta misma se encuentra una gran sala llena de libros, sus paredes son prácticamente estanterías. Podría vivir allí toda la vida y no pasaría nada. También se está el comedor y la cocina, dejando en la planta superior las habitaciones y el spa que han construido para nosotros.
Es como un pequeño paraíso, lleno de cosas que resaltan por su suavidad, la brillantez y la pureza. Supongo que aquí todo es así, o por lo menos aparenta serlo.
Las habitaciones son completamente distintas a las del Valhalla, y siendo sincera… Me gustan más estas. Tienen algo que las hace especiales.
Escucho como se acerca, el vanirio de ojos marinos no deja de insistir.
-¿Cuándo aprenderás que con las valkyrias no se juega a menos que sean ellas las que quieran?- le pregunto, sin apartar los ojos de mi tarta.
Esta delante de la mesa, apoya sus grandes manos sobre esta y se deja caer hacia delante para mirarme mejor. El pelo azabache y rapado brilla bajo las luces que han colocado para iluminar cada una de las ‘’islas’’.
Lo estudio, examino todo lo que puedo sobre él. Su tez no es muy pálida, pero tampoco se podría decir que es morena ni tostada, algo normal. Tiene la mandíbula marcada, y aún más se resalta cuando aprieta los dientes ante la presión y el desafío. Lleva un piercing en la oreja derecha, en la parte superior, es un pequeño aro plateado, delgado pero con algo negro que lo decora, una cenefa. Tiene una nariz pequeña, respingona. Sus pómulos están marcados, aunque tampoco abultan mucho, pero son completamente perfectos comparándolos con la forma de su boca, el labio superior es fino aunque carnoso y el inferior está hecho para ser una tentación.  Quiero notar como es pasar mi mano por esa escasa barbita de dos días que se ha dejado.
-   ¿Qué miras tanto, valkyria?
-   Miraré lo que quiera cuando quiera. Soy libre, ¿no crees?
Pone los ojos en blanco, no responde a mi pregunta. Pero se me queda mirando.
-   ¿Y ahora? ¿Qué miras tú?
-   Miro ese precioso pelo, las perlas que tienes para observarme, como te pasas la lengua por los labios para humedecerlos… Detalles.
Vuelvo a centrarme en mi delicioso postre, dejando que el guerrero nada más vea mi coronilla y los rizos que me caen sobre las orejas.
Cojo la cuchara que he dejado junto al plato y parto un trozo. Lo levanto lentamente para que no se me caiga y es entonces cuando él me lo quita.
-   Para mí- dice sonriendo, después de engullir el pastel.
Con una gran rapidez me levanto de la silla, cojo el plato y le restriego el brownie por la cara.
-   Todo tuyo, chupasangres.
Acto seguido, me voy a mi habitación con otra porción.
Se abren las puertas metálicas del ascensor, doy un paso al frente, miro a ambos lados del pasillo… Es muy largo, ahora a encontrar  mi cuarto…

Al entrar a la habitación una calidez especial me envuelve. El suelo, es de madera, lo que hace que la calor permanezca y no se disipe con tanta rapidez.
Nada más entrar hay dos grandes ventanales que van desde el suelo hasta el techo. Prácticamente es una de las ''cuatro'' paredes que hay.
No hay muchas cosas, una cama de matrimonio, unas par mesillas a cada lado, un escritorio y un aseo, con su ducha y su lavamanos. Algo sencillo, pero muy práctico.
Esta mañana un algodón de azúcar girsaceo ha tapado el cielo y apenas pueden escaparse los rayos del sol entre tanto manto. Hay claridad, pero no es algo que se pueda llamar luz, ya que solo es el reflejo de lo que realmente debería ser.
Dejo al superviviente sobre la mesa y me acerco al cristal. Pongo la mano en él, esta frío, bastante aunque no tanto como el hielo, pero sí más de lo que creía.
En algunos momentos me pregunto como será ver esta batalla desde el Asgard, tanta muerte y desesperación unida a la frialdad que tienen los dioses al observar cada una de ellas. Sin embargo, no pienso que ninguna de ellas vaya a ser tan encarnizada como el Ragnarök. El fin del mundo, de la era en la que nos hallamos y, en que humanos y dioses se hallan.
El corazón se me encoje ante tal pensamiento. No quiero que ocurra, pero creo que ya no es por ser yo la que viva o no, sino por el hecho de perder a aquellos a los que amo. Me aterra solo la idea de que llegue, pero cuando sea el momento no dudaré ni un solo instante sobre cual es el lugar que me corresponde y junto a quien debo luchar.
Me descalzo, siempre me ha gustado andar sin zapatillas, incluso por la montaña. Es una forma de sentir de todas las formas.
De un salto, me siento en la cama, acaricio la colcha y cruzo las piernas, una encima de la otra.
- Mmmm... La tarta...- digo mirándola desde la lejanía.
Ojalá no tuviera que levantarme, la verdad. Si fuera vaniria podría traerla en un abrir y cerrar de ojos..

Esta entrada con las 16 páginas que ya lleva Lyss, se la dedico a mis Panteras.

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