7 may. 2014

53. Lyss. El consuelo.

Salgo corriendo, atravieso cada una de las estancias de el edificio y me pierdo entre los árboles. Estoy lejos, aunque necesito estarlo más. No quiero saber nada más de él, le estaba dando una oportunidad y solo ha hecho que cagarla, sentía que le había fallado y ahí estaba, pero ya no, nunca mas.
Escucho agua, un río. Debe de haber uno por allí. Lo busco, voy hacia un lado y hacia otro, al final no acaba siéndome difícil de encontrar.
Me agacho junto a él, me saco las zapatillas y me subo los pantalones. Meto los pies en helado riachuelo, y dejo que los acaricien. Echo la cabeza para atrás, apoyándola en las bambas que me he quitado. Relax. Cierro los ojos, la brisa mueve mis pestañas, y alguno de los pelos que no se han quedado pillados.
Delicadas lágrimas recorren mi rostro, caen hasta llegarme a las orejas. Me siento triste, he perdido, en menos de cinco horas he ganado y me he deshecho de alguien, de Eiliv, y él de mi, me ha tirado cual muñeca rota de trapo. Pero yo no soy de las que se tiran a la basura fácilmente, esta me las pagará, no voy a dejar que me ninguneé así.
Poco a poco dejo que la luz vuelva a aclararme la vista, pero hay alguien que la tapona. Egil.
- ¿Qué haces aquí?- le pregunto.
No deja de mirarme. Mueve su dulce cabeza hacia un lado, observando cada una de mis marcas, manchas y demás, incluido el recorrido que han ido haciendo las gotitas al caer. Con un dedo lo sigue, secándolo, y luego se lo mete a la boca.
- Ninguna mujer, y menos una como tu, debería derramar tesoros como estos, por nadie.
Se aparta para que pueda erguirme, se sienta a mi lado y hace que sus pies también se mojen. Tiene la piel ligeramente bronceada, preciosa, dorada.
- Princesa, ¿qué ha ocurrido allí?
- Nada a lo que se le deba dar importancia.
Me abraza, sintiendo mi congoja. Rompo a llorar, no entiendo porqué pero simplemente lo hago. Pequeños hipidos salen de mi, mientras lo agarro. Miro en mi interior, y la pequeña Lyss que a veces saltaba de la alegría ahora no hace más que dar lastima. La impotencia me corrompe, hace que partes que no sentía antes se activen.
- Vaya... Estas furiosa.- me dice en el instante en el que alzo la cabeza.-  Los ojos te cambian, ¿lo sabías?
Asiento, afirmando que sí que lo se.
- Son hermosos, tanto como tu, rojos, escarlatas, de color carmesí, brillantes. Me encantan.- me apresa contra su pecho, dándome el calor que me falta. - Adoro la furia que tenéis las valkyrias. Va, no estés así, vamos a divertirnos, princesa.
- Sí, vamos a hacerlo. De momento quiero darme un baño, si no te importa.
Se me queda mirando, pasmado, es probable que no se refiriera a eso, pero me da igual. Saco los pies del agua, muevo unas cuantas rocas con fuertes cuerdas de luz y hago un pequeño estanque. Me quito los pantalones, y luego la camiseta. Dejando al aire el hibrido negro y el delicado sujetador a cuadros.
Me meto en él, haciendo que mi temperatura la caliente. Empieza a salir humo, como si estuviéramos haciendo una sopa, ya esta bien.
- ¿No te metes, vikingo?
- Eehh... Claro, espera.
Recoge mi ropa, la dobla y se quita la suya, que la pone debajo de la mía para que no se ensucie.

Ains... Pobre Lyss, esperemos que de ahora en adelante tenga más suerte. No puede ser que el vanirio la mueva así. Esta es la primera entrada de hoy, veremos cuantas más hay.
* Se siente inspirada*

1 comentario:

¿Tienes algunda duda?¿Quieres dar tu opinión? ¡Deja tu comentario! No muerdo ;)