21 jul. 2014

Enyd. 5

Enyd desapareció tras la puerta de la cocina, la cual se cerró tras una fuerte ráfaga de aire. Estaba ansiosa por salir, por encontrarse a aquel ser, el hombre que la traía de cabeza. ¿A caso eso era normal? En la comunidad apenas habían chica como ella, se podría decir que todas eran distintas, pero ella se salía de los moldes normales. Amante de los libros y de la naturaleza, fiera, pero a la vez tranquila y pacífica. En pocos momentos salía esa muchacha peleona, pero él hacia que gritara por dentro, y apareciera cuando menos se lo esperaba.
Cogió una de sus libretas, su favorita, en la cual no dejaba de dibujar, día tras día. La metió en su bolsito de piel marrón, puso también el bolígrafo y el lápiz, cerró la cremallera y se lo colgó del hombro derecho.
No tenía ganas de cambiarse de ropa, así que salió con lo mismo que llevaba puesto durante toda la mañana, sus pantalones negros algo rasgados y una camiseta verde clara de tirantes.
- Abuela, voy a salir.
- ¡Niña, es hora de comer, no te vayas!
- No tengo hambre...- gritó mientras salía por la puerta delantera de casa.
Antes de alejarse mucho del porche, escuchó como los pesados pasos de Elisse se acercaban. Abrió y cruzó los brazos bajo sus caídos pechos, a modo de enfado.
- Entra ahora mismo- dijo enfadada a la vez que le señalaba con el indice que pasara para dentro-, algo vas a comer, ya me encargaré yo de que lo hagas, niñita.
La muchacha bufó, algo molesta con su abuela, pero no podía hacerle nada. Debía darle gracias a los dioses por tenerla con ella. Hizo lo que decía, colgó el bolso en el perchero y se sentó en la mesa que había en el centro de la cocina.

- Pon la mesa, no voy a hacerlo yo todo.- le ordenó Eli.
- Voy- alargó la vocal a la vez que se ponía de pié y se dirigía hacia el cajón donde se encontraba la cubertería.

Estaba completamente hinchada, no podía comer nada más. Pero la abuela le insistió que se llevara una manzana, así que acabó metiéndola en la bolsa.
Se acercó al río, igual que la otra vez, con la esperanza de encontrarlo de nuevo, pero no fue así. Se sentó apoyada contra un árbol. Echó la cabeza para adelante, y pegándola a sus rodillas, y dejó que el pelo le cayera por la cara, como si fuera una cascada, creando una capa con la capacidad de hacer que desapareciera todo lo que había a su alrededor.
El cielo azul, el agua azul, cristalina, un día podría bajar a bañarse, ese bocazas no aparecería más, estaba segura de ello, pero, ¿por qué? ¿A caso había hecho ella algo que le molestara? Iba a tener que aguantarse, porque ella no daría un paso atrás con lo que había dicho. Estaba rabiosa, y no sabía bien por que.
Un golpecito en la espalda la sacó de sus pensamientos. La habían dejado absorta en su mundo paralelo en el que nadie lograría entrar jamás.  Movió la cabeza hacia ambos lados, pero no vio a nadie, hasta que se le ocurrió mirar hacia arriba. Ahí estaba él, como si fuera una águila amaestrada.
- ¿Qué te crees que estas haciendo?
- Hago lo que quiero, como puedes ver- dijo a la vez que saltaba desde una de las ramas más altas.
Cerró los ojos, por la impresión que le dio la idea de que pudiera caerle encima. Escuchó el impacto contra el suelo y cuando los abrió, habían unas cuantas plumas negras esparcidas a su alrededor.


Esta es otra de las entradas de Enyd, espero que os haya gustado mucho, tanto como a mi escribirla. Mañana espero poder colgaros otro poquito. Disfrutad de esta historia.

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