16 nov. 2013

4.

¡CUARTA ENTRADA!
<<Junto a este abanzaba otro leal guerrero. Todos ellos tenian la tez pálida y maquillada, o simplemente eran asi... Este parecía uno de los más sumisos ya que su cuerpo apenas se adornaba salvo sus ojos, igual que el anterior, eran estancados por dos largos rombos negros que resedian sobre sus suaves parpados. Detrás de los dos primeros y el hermoso Tatantos, personificado en aquella sencillez perfilada en duro mármol, los seguian un par más. A pesar de que sus bocas esbozaban una bella sonrísa, se podia ver en sus miradas como habían sido destruidos y quemados junto a sus almas.
Todos ellos habían aparecido allí como por arte de magia, habían sido alados pero igual que habia hecho el salvador, también habían caído.
- ¿Qué ocurre?
- Nada.- susurró el perfecto guerrero, realmente no ocurria nada, salvo su afan por al belleza de su musa, de su princesa oscura, aquella que resedia en las sombras.
Ella ya no tenia alma, no tenia corazón. Gracias a ello apenas se sentia desgarrada, lo único que aun la mantenia con vida eran los entimientos. Era fría como el hielo y eso hacia que pareciera inmune a todo lo que le hicieran.
No sabia por que aquel semidios había posado sus bellos ojos sobre ella, pero le daba igual, dejaba a un lado la curiosidad que le generaba el porque del interés de aquel alado.
Sobre su amado corcel, cavalgaba dejando que el aire jugara con su pelo y se pudiera entrelazar con él como lo habian hecho sus dedos.
-Deteneos.- ordenó el profeta.- Dejad las armas.
CONTINUARÁ>>

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