7 ene. 2014

Salvame en la oscuridad.

Estaba tirada en el suelo, no se movía, apenas respiraba. Un charco de sangre la envolvía.
- Oh, pequeña... ¿Qué es lo que has hecho?- decía él sin esperanza.
Con varios pasos, lentos y pesados, se acercó a ella. Una chuchilla en su mano brillaba, relucía bajo todo aquel manto rojizo.
No se oía nada, solo la tierra crujir bajo los zapatos de él. Hasta que un sollozo lo inundó todo.
- Tranquila...- se agachó y la cogió por  los hombros.- Ya esta, estoy contigo.
No podía mirarle a la cara, aunque no se iba a rendir tan fácilmente. Con un solo dedo le alzó la barbilla, y le besó la mejilla. Segundos después se la acercó al pecho y la abrazó.
- Todo irá bien...
Decepción era lo que sentía aquella muchacha. El dolor le corrompía, cada vez que recaía. Miró sus brazos. Los cortes y la sangre brillaban, relucían bajo la luz tenue de aquella sala.
- No lo hagas más, te lo suplico... Contrólate... Por favor, yo...- dijo él entre lágrimas. No podía verla sufrir, aquello le superaba. No así. No lo entendía, aquel dolor que ella tenia era incomprensible para él. Pero siempre había algo que la hacia caer. La cogía, la ayudaba a levantarse, pero tropezaba y se hería siempre el mismo lugar, las heridas se abrían y ella moría, poco a poco.
- Déjame ir, de una vez por todas.- le susurró ella, con un hilo de voz.
Cogió su brazo y lo vendó con el pañuelo que ella llevaba tapando su cuello.
- No digas tonterías, pequeña...- la ayudaría, o eso era lo que rebelaba el tono dulce que había usado.- No voy a dejar que te vayas así como así.
Sonrió, calmándola, socorriendo a aquella alma atormentada, al ansia que ella sentía al querer desaparecer.
No perdería la esperanza, no todavía... Podía ser salvada, volver a la vida, y dejar de ser un cuerpo inerte que aún podía moverse.



Lo dejo aquí. Espero seguirlo esta tarde, o prontito, y que os guste.

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