27 feb. 2014

Octava entrada de Lyss

Las cientos de estrellas que antes adornaban el cielo ya no están, han desaparecido sin dejar rastro, la Luna tampoco esta presente ante nuestra inminente llegada. Los rayos chocan contra el suelo, levantando parte de la arena y de la hierba que hay. Una inmensa llanura, verde, iluminada por los flashes de luz, se extiende bajo nosotros  aunque no es lo único, también se puede divisar una espesa neblina que se come el terreno y no deja ver más de dos metros más allá de donde estamos.
Ahora, los enviados de Thor cambian de color, pasan de blanco a azul celeste, centelleantes y llenos de fuerza. Apenas nos queda tiempo para llegar así que cojo la mano de Clare y la apreto fuerte.
Esta vez le ha vuelto a tocar bajar a Amish, a ella se le da mejor volar, con esas alas de murciélago que tiene, solo le falta beber sangre para convertirse en uno de ellos. Mandona como siempre, dice:
- En menos de cinco minutos, llegaremos a tierra firme. Así que estad atentos a todo aquello que nos rodee.- hace una breve pausa y continua- Lyss, como a ti te cuesta un poco aterrizar, a causa de tu... mmm... Soledad, ves con cuidado, no podemos retrasarnos.
- Tu si que eres una retrasada, chupa sangres. Sigue así y serás la nueva manca del Valhalla, podrás ir a conjunto con Odín, el tuerto y la manca.- digo con mala leche, aunque al pronunciar el nombre del Alfather le pongo un cariño especial, para que no tenga muy en cuenta el grosero comentario que acabo de hacer.
Echa un soplido al aire, dando a entender que no responderá a mi ataque. Se pone al frente de todos y empieza a descender, poco a poco, como si fuera un suave pluma.
Miro hacia atrás, y veo a mis hermanas, todas ellas baten sus alas, desplegadas, hermosas como las de un colibrí. No hay nada más elegante que ellas. Algo punza mi corazón y atraviesa mi alma, después de tanto tiempo esperando en el reino, esperando a que algún guerrero se me encomendara y aún sigo sin. La urraca tiene razón, estoy más sola que la una. Una pequeña lágrima se me escapa. Es el destino, las nornas lo han querido así, y si estoy aquí también es por que ellas lo han mandado. Debo agradecerselo. 

Mis pies por fin tocan el suelo, algo que no es ni moqueta ni mármol, y la verdad es que se agradece. Poder notar como la tierra cruje bajo mis pies, como se esconden entre los brotes verdes. 



Esto es lo que de momento quiero que leáis, espero que os guste, en un ratito tal vez tengamos la novena entrada, o eso quiero...

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