6 may. 2014

52. Lyss.

Le empujo, lo aparto de mi, no quiero sus besos, ¿o sí? No, no los quiero. Las mejillas empiezan a desprender el calor que ya lo hacía antes todo mi cuerpo.
- Tienes los ojos rojos, pequeña.- me dice suavemente.
Toda yo entro en cólera y le abofeteo la cara.
- ¿¡En que demonios estabas pensando!?
No reacciona, se queda mirándome, con la mirada perdida, cristalina, inundada de algo que no es bueno.
- Lo siento...- digo, a la vez que intento abrazarlo, pero él, me separa.
- Da igual.
Abre la puerta y sale, me deja sola, abandonada, sin más. Me apoyo en la pared, si no lo hago caeré, me resbalo hasta que llego al suelo, me abrazo las piernas y hundo la cabeza entre las rodillas.
Las lágrimas empiezan a humedecerme el rostro, y también los pantalones. Algo en mi se ha resquebrajado, ¿por qué?
- Eiliv...- susurro.
No lo entiendo, ¿qué ocurre? ¿Por qué este hombre se ha vuelto así conmigo? ¿Qué ha cambiado en mi?
Me levanto, no puedo quedarme así, no quiero dejar que él pueda llegar a estar mal. No, nunca. Confío en él, no es más que un capullo, lo se, pero hay algo tierno, y necesito saber que es.
Corro hacia las escaleras, llego al hall, miro por todos lados, pero ya no esta. Subo a las habitaciones, la diecinueve. Golpeo con fuerza la puerta.
- ¡Por favor, colmillos! ¡Abre! ¡Por Odín, o por lo que quieras, ábreme!- grito.
Hace caso omiso a mis palabras, no escucho un solo ruido, tiene que estar dentro... Tiene que estarlo. La luz y las chispas vuelven a emanar de mi mano, y con ellas intento abrir la puerta, quito el seguro girando el pasaporte, y muevo la maneta.
Entro velozmente, antes de que se cierre detrás de mi. No esta, no hay nadie ahí dentro.

Pasan dos, tres, cuatro horas. Oigo como desbloquean la puerta con la llave, y se abre. No solo entra una persona, sino que son dos. Eiliv, lo huelo, pero también algo dulce, como el mango.
Aparece él, y detrás suyo una rubia despampanante, de largas piernas y con un vestido bien corto, negro. No parece más que una sucia furcia de motel de carretera.
- Lyss...
Los ojos se me humedecen, ya nada vale la pena. No quiero saber nada más, esto es suficiente. Los aparto a ambos, solo que a ella, como venganza, le pego un buen chispazo en la espalda. Que se joda, por cerda, pienso. Los miro una vez más y desaparezco. Necesito escapar de todo esto.

Ohhhhh.. Pobre Lyss.. ;_; A mi me pone triste ver como lo pasa...

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