7 may. 2014

54.Lyss. El Adonis.

No puedo despegar mis ojos de él, es un delicado y esbelto Adonis, un ángel recién llegado del mismísimo Asgard. Todo su cuerpo es puro oro, brillante, resplandeciente y demoledor.
Entra en el agua, y se sienta al lado, mientras me abraza con mimo. Es adorable, pienso. Lo miro, se le esta mojando el pelo, igual que a mi, solo que el suyo no le pasa de los hombros y el mío casi me llega al ombligo. Coge parte de este, y lo toca, adorándolo como si estuviera hecho de seda.
- Cada vez pienso que eres lo más radiante y bello que he visto jamás.- posa su mano en mi barbilla, y me acaricia la mejilla.- Déjame que cuide de ti, pequeña ninfa. No sabe ese mamarracho lo que se pierde. Eres un tesoro.
- Vaya... Gr-gracias, eres una de las pocas personas que son capaces de dejarme sin habla, y tu lo haces bastante... No entiendo porque. Desde que llegaste hay cosas a las que no encuentro respuesta. ¿Por qué Odín ha hecho esto?
- Necesitaba a alguien como yo aquí. Simplemente eso, carbaidh.
Me recuesto sobre su hombro, buscando algo familiar y que me de fuerza.
- Seré tu muro, te ayudaré, pero debes ayudarme tu también a mi, sabes que necesitamos ambos los cuidados. Tú para tu dolido corazón y yo para mis heridas.
Asiento, ahora mismo eso ya me vale. Dejo que su brazo pase por encima de mis hombros, y me apriete contra él, contra su suave pecho. Puedo oír a la perfección como late su corazón, va a una velocidad que no es normal.
- Víkingr, se te va a escapar.- digo dándole dos golpecitos en el pecho.
- Es lo que tiene estar junto a un ángel, cualquiera se vuelve loco, hasta él.- dice sonriendo.
Hay algo en el guerrero que me reconforta, que hace que confíe en él, y eso el vanirio no lo tiene. Me entristece acordarme de lo que ha sucedido. Puñetera furcia, ahí se quede calva y él impotente, que se jodan. Sí, pienso rabiosa. Solo tengo ganas de llorar, a pesar de que el querubín es ahora quien me consuela.
- Te estoy viendo.- dice mirándome de reojo.- Deja de pensar en ello. ¡Vamos! No vale la pena martirizarse por un capullo como tal. Discúlpame por las palabras pero, sinceramente, es lo único que me sale en estos momentos. Ese no es un hombre, no es más que un guiñapo sin honor ni respeto. La próxima vez, si es que la hay, deberá ir con más cuidado.

Adorable, simplemente, adorable. ¿Qué nos deparará la siguiente entrada? 

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