27 may. 2014

Primer texto para el Certamen.

Primer texto creado para el certamen, aún sin titulo, pero bueno..

Fue entonces cuando Grace abrió los ojos. Estaba pálida, tanto como el talco, y tan fría como la nieve, apenas parpadeaba. Pero ya era algo, estaba viva. Giró con delicadeza el cuello, intentando ver lo que había ocurrido. No se acordaba de mucho de lo que había hecho aquel día.
Esa mañana se había levantado contenta, feliz, y con ganas de hacer muchas cosas, después de una buena ducha que la despertara se tomó un café y fue rumbo a la oficina. Allí le esperaba la dichosa Edurne, su ‘jefa’. Grace era secretaria, llevaba más de cinco años trabajando en la empresa, pero nunca la habían dejado ascender a un puesto mejor. Ella quería ser redactora, trabajar para el periódico, o incluso, llegar a publicar sus propias historias. Pero aquel puesto se lo había quitado la rubia de bote, tonta y tetona, la hija del dueño. Axel siempre la había tratado con cariño, sabía de sus ilusiones y le había prometido un sitio en aquella gran familia, uno que no fuera tan bajo. Todo aquello se esfumó cuando detuvieron a Edurne, había causado un accidente de tráfico por maquillarse mientras conducía. Desde aquel momento, su vida se había vuelto el mismísimo infierno.  Algunos días no tenía ganas ni de levantarse de la cama, ¿para qué? La Barbie arremetería contra ella, la humillaría, y haría que su gran amigo y jefe le echara la bronca. Por su culpa había tenido que ir al psicólogo durante meses. Al final aprendió a canalizar toda esa ira, y en vez de acabar llorando en el baño por la rabia entonces respiraba profundamente, dejando que sus pulmones se llenaran de aire. Creo recordar que ese día salieron a la misma vez, Edu tenía que ir a la peluquería a hacerse la manicura y a cortarse el pelo, así que bajaron juntas en el ascensor. No hablaron, nunca lo hacían.  

Se subió en el coche, había algo de caravana. De repente todo estalló, un coche se estampó contra el suyo, que dio la vuelta y cayó en la carretera de al lado. Solo podía mirar al frente, algo la paralizaba, no sentía las piernas. No iba a llorar, empezó a respirar, o eso intentaba, pero sus pulmones no daban para más, cada vez que se llenaban un dolor punzante se le clavaba en el pecho. Agonizante, buscó el click del cinturón, no lograba bajarlo. Mierda, se iba a quedar ahí.  Debía salir, o su vida acabaría cuando todo aquello petara. Desesperada, movió las manos todo lo que pudo, estiró de la tela que la acorralaba, abrió un poco la ventana. El dolor la mataba, estaba ahogándose, apenas podía respirar. Grito, lo más fuerte que pudo. Fue entonces cuando estalló en mil pedazos, arrollándolo todo y dejando un esqueleto metálico sin apenas restos. 

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