27 may. 2014

Segundo texto para el certamen

Segundo texto para el certamen Retazos de papel. 

Salió corriendo, no podía más. ¿Qué era aquello que sentía en el pecho? La muchacha estaba perdida, igual que su ángel, aquel que la había salvado y guardado cuando más lo necesitaba.  Había salido con vida una vez más, desde que él había llegado todo se había vuelto distinto, con ella. Nada le ocurría, salvo ahora. ¿Dónde se había metido aquel ser alado? Volvió a correr, ahora se adentraba en el parque, arenoso, y lleno de hierbajos, que no deberían haber estado ahí. El suelo estaba húmedo, y la tierra se le colaba dentro de los zapatos, lo que había que los pies le dolieran. Se movía entre los columpios, el tobogán , aquellos en los que se subían los pequeños para mecerse. ¿Por qué demonios corría? ¿Temía algo? Sí, no encontrarle jamás. Le necesitaba, su ángel de la guarda debía estar con ella, y si lo perdía en ningún momento volvería a ser la misma.
Aquel hombre de pelo azabache y ojos claros, el que, aparte de ser su guardián, le había robado el corazón.  No le importaba, le daba igual, siempre y cuando permaneciera a su lado. Habían crecido juntos, desde que fue destinado a ella, entonces no tenía más de catorce años. El muchacho había aparecido como por arte de magia. Era joven, pero suficiente maduro como para poder cuidar de ella.
Con el tiempo, crecieron, aprendieron de sus errores, y él la cuidó en todo momento.  Los ojos se le llenaron de lágrimas, seguía corriendo, las piedras lastimaban sus delicados pies, magullándolos y haciendo que las piedras se incrustaran en su piel.  Pronto sangrarían, igual que lo haría si alma si no lo encontraba. Miró al cielo, estaba bañado en plata. Las mullidas nubes lo adornaban, sin dejar paso a las estrellas y la luna.
Un aire indomable impactó contra ella, cayó al suelo y se golpeó contra las piedrecillas que antes la martirizaban entonces le servían como almohada, pero no se iba a quedar ahí. De un salto se puso en pié, volvió hacia el parque, y se sentó en aquellos columpios que le habían impedido el paso. 

Bajó la vista, y al alzarla ahí estaba él, a su lado. Siempre lo había estado, sin tener la necesidad de buscarlo. El ángel no se movió de donde estaba, a su vera se quedó hasta que la muchacha despertó de aquel sueño profundo. 

4 comentarios:

  1. Este me gusta más que el otro, ¡¡me encanta!! Yo también quiero participar (si me lo permiten los examenes y los viajes), te deseo muchísima suerte!!

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    Respuestas
    1. Ains, mersi, Irene. Espero que si que puedas participar, será un honor estar entre las participantes contigo. Me alegro mucho de que te guste.
      Muchas gracias, mucha suerte para ti también.

      Un besazo

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